TSEYOR, Confederacion de Mundos Habitados de la Galaxia

Archivo para abril, 2012

Replicas infinitas – Notas sobre filosofía Cuántica Tseyor 17

Fragmento del libro original

http://tseyor.org/biblioteca/libros/filosofia-cuantica-la-microparticula-como-pensamiento-trascendente.html

17. Replicas infinitas

 

Sí, efectivamente. Estamos replicados miles y miles de veces, hasta el infinito para ser más exactos, en la micropartícula. Y la cuestión estriba en saber si en dichas réplicas nuestros objetivos de evolución y perfeccionamiento del pensamiento siguen la misma pauta de comportamiento. Obviamente dicha respuesta sería objetiva si pudiésemos contrastar de una forma fehaciente el hecho de tal afirmación, pero como trabajamos en hipótesis, lo único que podemos deducir es que nuestros planteamientos en esos mundos infinitos de percepciones, en los cuales cada uno de nosotros estamos comprometidos y reflejados, será cuestión de averiguarlo por uno mismo según sea su grado evolutivo y de preparación al respecto. Y si de hipótesis estamos hablando, podríamos definir la composición infinita de nuestra presencia en el macro y microcosmos holográfico, en función de que nuestra intuición e intelecto esté reestableciendo, constantemente, el equilibrio entre el conocimiento y la ignorancia. Y por ende, a través del correspondiente equilibrio, emancipar unos sentidos egoicos cuya transmutación obligará a formular nuevas preguntas y, a su vez, recibir nuevas respuestas, y así sucesivamente. En la réplica infinita del universo holográfico, ya sea en el macro como en el micromundo, nuestra relación existencial tendrá como objetivo el aprender, asimilar y comprender, de una forma absoluta y concreta, toda circunstancia que en cualquier momento de dicha presencia esté sujeta a un intercambio de pareceres y conformaciones. Por eso es que la dinámica del contacto, por ejemplo, puede producir resonancias electromagnéticas en todo el cosmos holográfico. Y por ello mismo cualquier relación conductual puede verse afectada por tal o cual comportamiento, direccionalmente hablando, y asimismo poder replicarse en función de dichas afirmaciones, ya sean positivas o negativas, objetivas o subjetivas, y malograr o beneficiar en cada caso concreto la debida correspondencia con el Yo superior. Por eso es importante tener correspondencia directa con el propio Ser, con la propia Divinidad, con la propia Conciencia. Porque esta nunca fallará en determinadas cuestiones como son la trascendencia del propio pensamiento. Y si damos paso, en determinados momentos, a estructuras mentales poco propicias a la trascendencia, invadiendo un espacio dual o tridimensional, entonces hallaremos siempre la subjetividad y, por lo tanto, la confusión, la dispersión de pensamiento y la ignorancia propia de un estado caótico, en el que solo es posible salirse mediante un esfuerzo mayúsculo de voluntad y de coherencia interpretativa. Estemos en el nivel que estemos, en la frecuencia que estemos y siempre en función también de la objetividad de nuestros pensamientos, podremos aligerar esa pesada carga egoica. Carga egoica que altera todo un proceso de objetividad y nos sumerge en un estado dual y confuso, aparentemente real pero totalmente relativo, y dificultar enormemente la tarea, ya de por sí difícil, de la comprensión objetiva y del traslado adimensional o traspaso adimensional de una mente abierta al cosmos y por ende al infinito.

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El micro y el macro mundo – Notas sobre filosofía Cuántica Tseyor 16

Fragmento del libro original

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16. EL MICRO Y EL MACRO MUNDO

Aun y todo por lo aparatoso que pueda parecer el macromundo con toda su grandeza, tiene su concordancia con la parte más minúscula o micromundo. El micromundo parte de un principio infinito en el que a través de su correspondencia con el macromundo o mundo infinito en el macrouniverso, establece un puente de unión con el Todo Absoluto, desde sus respectivas posiciones en todos los puntos del espacio ondulatorio. Y esto significa contracción del espacio-tiempo a un nivel minúsculo, por su espacio microscópico e infinitesimal, llevando como consecuencia la necesaria expansión en el macromundo. Cuestión esta que en física cuántica podríamos definir como espacio indeterminado. Y no solo lo es, sino que además está sabiamente determinado. Así, por ejemplo, el mismo efecto que ejerce una masa determinada de energía en estado denso: la materia que todos conocemos y que podemos tocar, acariciar, notar su temperatura o bien esa música o melodía que suena en nuestros oídos y nos permite evidenciar un cierto grado de trascendencia en determinados momentos, no son más que energía en un determinado estado vibratorio, y que puede repercutir favorablemente o no, en nuestro estado de ánimo. Estado de ánimo en función siempre de nuestra receptividad. Mejor dicho, de nuestro sentido crítico u objetivo. Si la dificultad es extrema, los sentidos alteran todo un proceso objetivo produciendo distorsión, desequilibrio, confusión y muchas veces zozobra. Pero una buena autoobservación nos va a procurar siempre la debida correspondencia con esos mundos internos.

Entonces la cuestión será muy sencilla si llegando a este punto empezamos a compenetrarnos con nosotros mismos y con la propia exposición de nuestras ideas o conceptos. Y la pregunta necesaria que deberíamos formularnos es si ante la evidencia física de un objeto inanimado, y por medio de la propia experimentación a un nivel tridimensional, podemos llegar a intuir, en esa misma masa de energía, un cosmos o universo concreto, completo y fiel réplica de todo un macrouniverso. Si la respuesta a ese interrogante fuese directamente resuelta a través de un razonamiento objetivo, nos daríamos cuenta de que cualquier punto minúsculo del espacio material es fiel réplica del macrouniverso. Al igual que un espejo refleja la realidad de un objeto y miles y miles de espejos reflejarán miles y miles de veces la propia realidad del objeto reflejado, nuestro entendimiento objetivo puede relacionar fácilmente al macrocosmos y situarlo definitivamente en una porción digamos pequeña, aunque relativa, de la capacidad y proporcionalidad intrínseca del macromundo. Y en este punto podemos señalar y afirmar que cualquier porción de materia, un simple grano de arena, por ejemplo, contiene en su interior todo el macrocosmos. Y mi pregunta va mucho más lejos. Entonces, si lo que es arriba es abajo, por esa misma implicación razonadora puedo deducir que en un grano de arena existe el macrouniverso. Me preguntaré a su vez, y deberé recibir por respuesta, que si consigo los elementos necesarios para reducir mi estado atómico al micromundo, me ha de ser posible viajar a través del universo dentro de un grano de arena. Viajar a través del inmenso universo holográfico dentro de un grano de arena para descubrir y dibujar un plano universal cósmico y la ubicación exacta de cualquier elemento situado a miles y miles de millones de años luz de distancia, con la misma precisión a como si en verdad fuera posible obtener un vehículo mecánico que, viajando a velocidades de ultraluz, pudiese llegar a los confines de cualquier galaxia de entre las miles de millones de galaxias que se establecen equitativa y proporcionalmente, y a través de una regla objetiva y perfecta, en todo el universo.

 

La abiótica y el pensamiento – Notas sobre filosofía Cuántica Tseyor 15

Fragmento del libro original

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15. La Abiótica y el  pensamiento

 

El factor adverso de la relación abiótica es, desde luego, una relación natural y consustancial con los elementos, pero en realidad se necesita ese desconocimiento y esa ausencia para facilitar en un futuro la comprensión. La propia necesidad obliga a una adaptación de los elementos puestos en cuestionamiento, y me preguntaréis, ¿cómo podemos averiguar lo que no sabemos y más aún lo que desconocemos que no sabemos? Y ahí está la gran cuestión a resolver. Hemos de ir averiguando aquello que no sabemos y que aún y todo desconocemos que exista. Sabemos muchas cosas, pero precisamente estas que ya sabemos no las necesitamos. Necesitamos saber aquello que aún ni sabemos que exista, pero que indudablemente necesitamos para la evolución de nuestras personas, como seres humanos conscientes pertenecientes a un nivel muy superior, pero que indudablemente está limitado por una relación causa-efecto, con ingredientes abióticos producidos por la propia evolución de un sistema primario, en el que predomina el desconocimiento como norma natural de crecimiento y de evolución. Entonces es preciso preguntarse cómo acceder a determinados conceptos, a determinadas cuestiones ignoradas, que ni sabemos que existan y que tampoco sabemos que debemos necesariamente conocer. Y ahí está la gran cuestión a resolver: se trata de pensar, de imaginar, de crear en nosotros, en nuestro pensamiento, en nuestra mente, aquellos ingredientes que aun no sabiendo que los necesitamos, y menos que existan, debemos posibilitar su presencia activa. Una mecánica que funciona, una mecánica natural y mental, por supuesto, que acciona determinados elementos desconocidos, pero que deben ser conocidos y autenticados y asimilados convenientemente para el debido desarrollo intelectual y neuronal de nuestras personas. Es la razón del pensamiento.

El pensamiento es energía. Es, por tanto, un elemento del mundo o perteneciente al mundo tridimensional que nos posibilita la relación, la creación y la generación de elementos, ideas o cuestionamientos que hacen posible la evolución de dicho pensamiento hacia esferas trascendentales. Pensemos que el pensamiento piensa y por lo tanto crea pensamiento. Y este pensamiento debe abonar una semilla que al mismo tiempo generará un nuevo pensamiento, fruto de un pensamiento pensado. Pensemos en la relación causa y efecto. Pensemos en la relación del propio pensamiento puesto en un pensamiento desconocido y a la vez necesario. Pensemos en la posibilidad de crear nuevos pensamientos, que quiere decir energía suficientemente inteligente como para modificar estructuras mentales y cimentar ciertos procesos neuronales que llevarán consigo un enriquecimiento neuronal y por lo tanto vibracional. No es posible llegar a comprender aquello que no se sabe, aquello que se desconoce, aquello que no existe en nuestro pensamiento. Pero sí es posible llegar a dilucidar con toda precisión aquello que mueve, que motiva, que ilumina, que clarifica y, en definitiva, aquel elemento que nos hace vibrar en una emoción determinada, que ello significa llevar consigo una melodía o nota determinada.

Por eso hemos de trabajar en un proceso de elucubración, sí, pero de una imaginación o ilusión concreta que nos va a permitir llegar a dilucidar y a vislumbrar una realidad concreta y por demás amplia en conceptos y nuevos arquetipos.

Ciertamente un pensamiento pensado es un pensamiento absoluto y, por lo tanto, existente en la Nada. Lo cual significa la perfección absoluta. Así pues en ese recorrido, en ese pensamiento de perfección, iremos calibrando eficazmente cada uno de los resortes del pensamiento que va a llevarnos a la conformación de un mosaico global, y en el que incluir nuestro propio pensamiento, que ha sido fruto de un pensamiento pensado y, a la vez, creado por nuestra propia imaginación, que en el fondo es imaginación perteneciente a un mosaico global y, por lo tanto, ya pensado. Por ello es conveniente reconocer la intensidad del pensamiento en cada momento e instante, puesto que la vibración que le asignemos en cada uno de estos momento e instantes, nos va a proporcionar el elemento necesario con que adornar ese pensamiento creativo o nuevo pensamiento pensado. Y única y exclusivamente a través de la propia necesidad del pensamiento, incluido este en un mosaico global, vamos a identificarlo como propio y a proporcionarnos un espacio creativo y a formar parte consustancial de la realidad absoluta. Sin otro condicionamiento que la perfección absoluta y concreta del mismo pensamiento, elaborado, pensado y generado a través de un pensamiento pensado.

Incógnitas, la interrogación como medio para la comprensión – Notas sobre filosofía Cuántica Tseyor 14

Fragmento del libro original

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14. Incógnitas, la interrogación como medio para la comprensión

EL PRINCIPIO DE INDETERMINACIÓN
Como continuación del tema anterior, decir que poco a poco iremos ampliando conceptos un poco más complejos si cabe. Conceptos básicos con los que poder luego incorporar nuevas matizaciones y llegar a comprender un poco más el significado de la vida, de la muerte física y cómo no, de la trascendencia. En cuántica es un hecho constatable que nada puede comprobarse fehacientemente. Ahí está la paradoja. Podemos comprobar que no sabemos, sabiendo a ciencia cierta que no sabemos. Y si podemos comprobar que no sabemos, sabiendo a ciencia cierta que no sabemos, ahí está un principio de indeterminación que puede llevarnos hacia aspectos más interesantes para la comprensión debida de todo el enunciado cuántico. Así, si no sabemos exactamente lo que en realidad significa la propia verdad del Universo, pero intuimos que no sabemos, esto nos da a entender claramente que hemos de proseguir en nuestras investigaciones, en nuestros trabajos de estudio, de análisis y de comprensión. De esta forma conseguimos acelerar nuestro intelecto a un nivel neuronal, y recabar información en parcelas que hasta ahora habrán podido estar ausentes de un mecanismo especial cual es la interrogación. Es bien cierto que cuando no se entiende una determinada cuestión, intrínsicamente se lleva a cabo una reacción que, supeditada a la razón y a la comprensión, lleva implícita un esfuerzo energético que procura activar ciertos mecanismos mentales, y que conducen lógicamente tarde o temprano a la clarificación de ideas. Es por eso que en cuántica podremos hablar de un conocimiento desconocido, de una relación causa y efecto inexistente, pero en el fondo esa misma causa-efecto inexistente, va a crear una necesidad y una posibilidad de existencia real en un mundo irreal, por cuanto la dualidad lo es, pero gracias a ella nos va a situar en una esfera superior de conocimiento y, por lo tanto, más completa y compleja en realidad conceptual. Por eso es interesante que meditéis debidamente mis palabras, no por el valor en sí de las mismas, sino por su valor intrínseco y precisamente por lo que no dicen. Diseccionarlas e intentar comprender y asimilar más allá de las mismas, eso es, llegar a interpretar debidamente mis ideas. Desgraciadamente, a un nivel consciente no todas las ideas llegan a quedar plasmadas de una forma clara y diáfana, en un sentido que puedan luego ser trasladadas a otros niveles de comprensión. En realidad lo que se dice es lo que hay, lo que se entiende. Y de lo que se trata es de llegar a comprender lo que no hay y por lo tanto se desconoce.

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