TSEYOR, Confederacion de Mundos Habitados de la Galaxia

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La abiótica y el pensamiento – Notas sobre filosofía Cuántica Tseyor 15

Fragmento del libro original

http://tseyor.org/biblioteca/libros/filosofia-cuantica-la-microparticula-como-pensamiento-trascendente.html

15. La Abiótica y el  pensamiento

 

El factor adverso de la relación abiótica es, desde luego, una relación natural y consustancial con los elementos, pero en realidad se necesita ese desconocimiento y esa ausencia para facilitar en un futuro la comprensión. La propia necesidad obliga a una adaptación de los elementos puestos en cuestionamiento, y me preguntaréis, ¿cómo podemos averiguar lo que no sabemos y más aún lo que desconocemos que no sabemos? Y ahí está la gran cuestión a resolver. Hemos de ir averiguando aquello que no sabemos y que aún y todo desconocemos que exista. Sabemos muchas cosas, pero precisamente estas que ya sabemos no las necesitamos. Necesitamos saber aquello que aún ni sabemos que exista, pero que indudablemente necesitamos para la evolución de nuestras personas, como seres humanos conscientes pertenecientes a un nivel muy superior, pero que indudablemente está limitado por una relación causa-efecto, con ingredientes abióticos producidos por la propia evolución de un sistema primario, en el que predomina el desconocimiento como norma natural de crecimiento y de evolución. Entonces es preciso preguntarse cómo acceder a determinados conceptos, a determinadas cuestiones ignoradas, que ni sabemos que existan y que tampoco sabemos que debemos necesariamente conocer. Y ahí está la gran cuestión a resolver: se trata de pensar, de imaginar, de crear en nosotros, en nuestro pensamiento, en nuestra mente, aquellos ingredientes que aun no sabiendo que los necesitamos, y menos que existan, debemos posibilitar su presencia activa. Una mecánica que funciona, una mecánica natural y mental, por supuesto, que acciona determinados elementos desconocidos, pero que deben ser conocidos y autenticados y asimilados convenientemente para el debido desarrollo intelectual y neuronal de nuestras personas. Es la razón del pensamiento.

El pensamiento es energía. Es, por tanto, un elemento del mundo o perteneciente al mundo tridimensional que nos posibilita la relación, la creación y la generación de elementos, ideas o cuestionamientos que hacen posible la evolución de dicho pensamiento hacia esferas trascendentales. Pensemos que el pensamiento piensa y por lo tanto crea pensamiento. Y este pensamiento debe abonar una semilla que al mismo tiempo generará un nuevo pensamiento, fruto de un pensamiento pensado. Pensemos en la relación causa y efecto. Pensemos en la relación del propio pensamiento puesto en un pensamiento desconocido y a la vez necesario. Pensemos en la posibilidad de crear nuevos pensamientos, que quiere decir energía suficientemente inteligente como para modificar estructuras mentales y cimentar ciertos procesos neuronales que llevarán consigo un enriquecimiento neuronal y por lo tanto vibracional. No es posible llegar a comprender aquello que no se sabe, aquello que se desconoce, aquello que no existe en nuestro pensamiento. Pero sí es posible llegar a dilucidar con toda precisión aquello que mueve, que motiva, que ilumina, que clarifica y, en definitiva, aquel elemento que nos hace vibrar en una emoción determinada, que ello significa llevar consigo una melodía o nota determinada.

Por eso hemos de trabajar en un proceso de elucubración, sí, pero de una imaginación o ilusión concreta que nos va a permitir llegar a dilucidar y a vislumbrar una realidad concreta y por demás amplia en conceptos y nuevos arquetipos.

Ciertamente un pensamiento pensado es un pensamiento absoluto y, por lo tanto, existente en la Nada. Lo cual significa la perfección absoluta. Así pues en ese recorrido, en ese pensamiento de perfección, iremos calibrando eficazmente cada uno de los resortes del pensamiento que va a llevarnos a la conformación de un mosaico global, y en el que incluir nuestro propio pensamiento, que ha sido fruto de un pensamiento pensado y, a la vez, creado por nuestra propia imaginación, que en el fondo es imaginación perteneciente a un mosaico global y, por lo tanto, ya pensado. Por ello es conveniente reconocer la intensidad del pensamiento en cada momento e instante, puesto que la vibración que le asignemos en cada uno de estos momento e instantes, nos va a proporcionar el elemento necesario con que adornar ese pensamiento creativo o nuevo pensamiento pensado. Y única y exclusivamente a través de la propia necesidad del pensamiento, incluido este en un mosaico global, vamos a identificarlo como propio y a proporcionarnos un espacio creativo y a formar parte consustancial de la realidad absoluta. Sin otro condicionamiento que la perfección absoluta y concreta del mismo pensamiento, elaborado, pensado y generado a través de un pensamiento pensado.

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