TSEYOR, Confederacion de Mundos Habitados de la Galaxia

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El Amor, la renuncia y la partícula – Notas sobre filosofía Cuántica Tseyor 29

Fragmento del libro original

http://tseyor.org/biblioteca/libros/filosofia-cuantica-la-microparticula-como-pensamiento-trascendente.html

29. El Amor, la renuncia y la partícula

 

Y el Amor, ese Amor al que me estoy refiriendo, ¿qué significa? Sin duda significa renuncia, pero ¿renuncia a qué? Renuncia a estimar como no propias nuestras pertenencias, por ejemplo. Nuestro trabajo debe ir destinado a la entrega, puesto que nada nos pertenece a no ser nuestra propia felicidad. Y, sin duda, nuestra felicidad se ve coronada cuando olvidamos nuestro sentido de la posesión, como nuestros ahorros o nuestro futuro de cara al día de mañana… Cuando nos olvidamos de toda prenda, de todo concepto, de todo objeto material. Cuando renunciamos a todo, excepto a nuestra propia felicidad. Y esto y todo esto a que me estoy refiriendo ¿qué significa? Significa indudablemente que el camino de la felicidad, de la paz, de la armonía, del crecimiento interior, está en no creer en nada material, en no anhelar nada material, nada físico. En la necesidad de llenar ese espacio que ocupa la energía egoica de una posesión, o de un sentido de posesión, y ubicar en su lugar el sentido de la Nada, eso es, de la Espiritualidad. En otras palabras, el camino espiritual se va a dignificar con un trabajo de exploración interior, de autoexploración. Y en su deambular se verá provisto ante todo de un trabajo mental, de un esquema mental adecuado. En realidad, también, el trabajo deberemos hacerlo en una escala superior de pensamiento, y la clave, la situación exacta de nuestro planteamiento o ubicación, está en la partícula. Cuando hablamos de partícula, estamos hablando de pensamiento trascendente. ¿Dónde ubicamos a la partícula? Sin duda en el pensamiento. Porque, ¿qué es la partícula? La partícula es la traducción exacta y mimética de un planteamiento adimensional. Claro, un planteamiento adimensional es un pensamiento que no está dentro de las coordenadas tiempo-espacio. Y entonces, una partícula es vibración y para alcanzar ese estado de vibración lo vamos a recorrer y asimilar a través de un pensamiento. Primero, puede ser un pensamiento inducido, o, para entendernos, a nivel de ensoñación, de un sueño, de una premonición o pensamiento premonitorio, pero en realidad no es más que un pensamiento a un determinado nivel. Por hoy, lo único que dejaría claro es que a través del pensamiento podemos estimular ciertas áreas o zonas neuronales. Y a través del pensamiento, como digo, alcanzar a vislumbrar la suma de pensamientos que en cada instante o acción en el tiempo, pueden estar presentes y patentes en nuestro propio pensamiento. Porque ello significa que dichos pensamientos están en ese momento al abasto de nuestra percepción. Y lo importante es alcanzarlos de una forma indudablemente trascendental. Llegará el momento en que nuestro pensamiento deba sufrir una dislocación, un desmembramiento, un paralelismo. Y habremos de entender, simultáneamente, dos planteamientos diferentes dentro de un mismo espacio tridimensional: el pensamiento subjetivo tridimensional en una área totalmente lógica y determinista y, al mismo tiempo, comprender el mensaje que pueda llegarnos vía partícula, vía pensamiento, a través de un viaje adimensional simultáneo con la tridimensionalidad.

Regeneración y vibración – Notas sobre filosofía Cuántica Tseyor 26

Fragmento del libro original

http://tseyor.org/biblioteca/libros/filosofia-cuantica-la-microparticula-como-pensamiento-trascendente.html

26. Regeneración y vibración

 

Y pregunto, ¿cómo vamos a conseguir dicha regeneración y que nos permita multiplicar progresivamente nuestro estado vibracional, teniendo en cuenta que dicho estado no será modificado por deseo, técnica o mecánica alguna? Bastará con aplicarse en la creencia de la propia imaginación creativa que nos sustenta. Si sabemos que en determinadas circunstancias nuestra mente actúa de coordinador y sensibilizador de alteraciones cromosómicas, estaremos preparados para entender que la autorrealización del Ser, que la dignificación de nuestro estado evolutivo, dependerá única y exclusivamente de nuestro saber. Y, aunque de sabios es reconocer que no sabemos, en este principio estriba la necesidad de saber y de llegar a comprender, algún día, la importancia de un elemento como puede ser la propia vibración. Y, ¿qué entendemos o podemos entender por vibración? Necesariamente ese estado de plenitud, de paz, de sensación de felicidad, de amor, de alegría, de ilusión que a veces nos embarga. Esa paz que nos permite un estado contemplativo y sin interferencias de pensamiento alguno. Sensación que nos lleva a comprender la auténtica felicidad que proporciona un estado sin estado alguno. En la felicidad que puede proporcionar un estado absoluto de quietud. Algo muy difícil por cierto en las circunstancias como las que actualmente estamos viviendo y progresando. Sin embargo, también hemos de llegar a comprender que el cromosoma, como fiel institución de unos arquetipos previamente fijados por una ley inexorable, cual es la evolución universal, está contemplado asimismo por una reacción intermitente y, por lo tanto, en un espacio intermitente en el que a pesar de realizar una acción y reacción permite una extrapolación. En dicha extrapolación vamos a hallar el contenido real de la Nada. Y en el supuesto de llegar a comprender esa intermitencia, podremos experimentar la completa utilidad de nuestro pensamiento. Siempre referido a un pensamiento trascendente, que influye en el universo holográfico, generando en sí mismo una relación causa y efecto. Entonces la solución se brinda por sí misma: si establecemos la causa hallaremos un efecto y, por lo tanto, activando ciertas causas, originariamente en un espacio adimensional, podremos aligerar unos efectos o invalidar unos determinados efectos que, por ahora, inciden no positivamente. Así pues, habremos de llegar a un estado contemplativo o proceso de no pensamiento, en donde poder programar y reestructurar arquetipos.

Además, lo más importante si cabe es que mentalmente podemos navegar por un espacio adimensional, tan solo procurando establecer el debido equilibrio y equidad. Sin asomo alguno de deseo. Y tan solo anhelo por alcanzarlo. Como resumen de todo ello, decir que podemos llegar a divisar un horizonte clarificador si tenemos en cuenta tres aspectos: 1.- La autoobservancia de unas determinadas reglas evolucionistas, siempre desde el punto de vista adimensional o tetradimensional. 2.- Regeneración cromosómica y adeneística a través de un pensamiento trascendental. Inducción que vendrá dada por nuestro pensamiento puesto en un área adimensional, que va a procurar justamente la causa que derivará en un efecto tridimensional. 3.- Crear un nexo de unión con la espiritualidad. Que significa trascender un espacio a través de un pensamiento trascendente, en una esfera de conocimiento superior. Equilibrando, de hecho, todo un proceso tridimensional o físico, ya que de algún modo podría invalidar si este no fuera el caso, dicho proceso tetradimensional.

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